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Nuestro equipo está listo para responder a cualquier necesidad de confort térmico en tu hogar o negocio. Tanto si enfrentas una avería urgente, buscas cumplir con la revisión anual obligatoria para ahorrar costes, o estás pensando en sustituir tu antiguo equipo por un modelo más eficiente (Condensación o Biomasa), tenemos la solución.
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Una revisión profesional es la vía más rápida para reducir su factura de energía y prolongar la vida útil de su caldera.
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Una caldera limpia y bien ajustada consume menos, calienta más rápido y sufre menos ciclos de arranque. La eliminación de hollines/incrustaciones y el ajuste fino de combustión pueden reducir consumos entre un 5% y un 15% dependiendo del estado inicial. Además, disminuyen las emisiones y se prolonga la vida de componentes como ventiladores, bombas y válvulas.
El mantenimiento preventivo también previene averías costosas: el control del vaso de expansión evita disparos de la válvula de seguridad, la revisión del sifón de condensados previene paradas por bloqueo, y el chequeo de sondas/NTC asegura una regulación estable. En viviendas con uso intensivo de ACS, la limpieza del intercambiador de placas evita pérdidas de caudal y fluctuaciones de temperatura.
Recomendaciones adicionales como ajustar la curva de calefacción, instalar termostatos modulantes o equilibrar radiadores ayudan a mantener el confort con el menor consumo posible, adaptando el sistema a hábitos reales de uso y al aislamiento de la vivienda.
Se revisan mezclas aire-gas, electrodo de ionización, ventilador y presostato de aire, así como la correcta evacuación de productos de combustión. En modelos de condensación, se limpia el sifón y se verifica la neutralización de condensados y el estado del intercambiador de acero inoxidable o aluminio-silicio. Se ajusta la combustión mediante analizador para un funcionamiento modulante estable.
Se comprueba el quemador (boquilla, cabezal, electrodo, fotocélula), se deshollina la cámara e intercambiador y se sustituyen filtros y junta de registro cuando procede. El tarado del caudal de combustible y la regulación del aire garantizan una llama estable y un rendimiento óptimo, reduciendo hollines y consumo.
Revisión de resistencias, relés, conexiones, protección diferencial y termostatos de seguridad. Se verifica el equilibrado hidráulico, el estado del vaso de expansión y la bomba, así como el control de temperatura por termostato ambiente y posibles curvas de compensación si el equipo lo permite.
Limpieza de intercambiador y cámara, calibración del sinfín y control de alimentación, verificación de depresión/tiro y revisión de sensores de temperatura y humos. Se ajusta el aporte de pellet y el aire de combustión para evitar inquemados, optimizando la autonomía y el rendimiento estacional.
Inspección visual del conjunto, verificación de acceso y ventilación, control de estanqueidad de gas/combustible, comprobación de conexiones eléctricas y tierras. Lectura de parámetros de la placa electrónica y errores históricos. En calderas mixtas, se contrasta la presión del circuito (habitualmente 1-1,5 bar en frío).
Limpieza de intercambiador y quemador, deshollinado en gasóleo/biomasa, saneado de sifón y desagüe de condensados en condensación, desincrustado de filtros de retorno y llenado. Revisión del vaso de expansión y corrección de precarga si es necesario; desbloqueo o engrase de la bomba de circulación.
Medición con analizador (O₂, CO, CO₂, temperatura de humos y rendimiento). Ajuste de válvula de gas, obturadores de aire o boquilla en gasóleo siguiendo ficha técnica del fabricante. Comprobación de sellado y pendiente del conducto de evacuación, tiro/depresión y ausencia de recirculación.
Prueba de válvula de seguridad y purgado de radiadores si procede. Verificación de válvula de tres vías, caudalímetros y NTC de impulsión/ACS. Comprobación de termostatos/cronotermostatos, compensación climática y comunicación con sonda exterior si existe.
Ensayo de arranques en calefacción y ACS, control de modulación y estabilidad de llama o potencia. Emisión de informe con mediciones, recomendaciones y estado de repuestos críticos. Sello y registro de la intervención de acuerdo con el RITE vigente.
Tras cada intervención se entrega un informe técnico con los valores de combustión, pruebas de seguridad y actuaciones realizadas. Se incluye el certificado de mantenimiento conforme al RITE, el registro de repuestos usados (originales) y las recomendaciones de seguimiento. Si procede, se actualiza el libro de mantenimiento de la instalación.
Las reparaciones y ajustes quedan cubiertos por garantía de intervención, especificando alcance y plazos según el tipo de trabajo y piezas sustituidas. El cliente recibe indicaciones de uso y una etiqueta con la fecha orientativa de la próxima revisión, manteniendo la trazabilidad de la instalación.
La periodicidad ideal suele ser anual para mantener el rendimiento y detectar desgastes a tiempo. Legalmente, el titular debe seguir el plan de mantenimiento del fabricante y los mínimos del RITE. En cualquier caso, una revisión antes de temporada de frío es la opción más eficiente y segura.
La revisión es un mantenimiento del equipo (limpieza, ajustes y mediciones) realizado por una empresa mantenedora. La inspección periódica de la instalación de gas la organiza la distribuidora cada cierto número de años y comprueba la instalación receptora y aparatos a nivel de seguridad, no sustituye a la puesta a punto de la caldera.
Arranques frecuentes, ruidos anómalos, agua caliente irregular, pérdidas de presión, humos u olor a combustión, radiadores que no calientan parejo o disparos de seguridad. También si la caldera lleva meses parada, tras obras en la vivienda o si han pasado más de 12-24 meses desde la última revisión.
Entre 60 y 120 minutos según tecnología, accesibilidad y estado del equipo. Las calderas de gasóleo o biomasa pueden requerir más tiempo por deshollinado y ajuste del quemador; en condensación se incluye limpieza de sifón y comprobación de condensados.
La mayoría de fabricantes exige mantenimiento periódico por personal autorizado y uso de repuestos originales para mantener la garantía. Conservar el certificado y el informe de cada intervención facilita cualquier gestión futura.
Deja acceso despejado al equipo, verifica que hay suministro (gas, electricidad o pellet/gasoil), anota síntomas o códigos de error y comprueba la presión del circuito. Si hay termostatos o cronotermostatos, tenlos accesibles para revisar su configuración.
Puede ser segura si supera las comprobaciones de combustión y evacuación y mantiene elementos de seguridad en buen estado. No obstante, los equipos antiguos consumen más y emiten más; conviene valorar modernización cuando el coste de reparaciones se vuelve recurrente o el rendimiento cae.
Aplicamos las disposiciones del RITE y sus modificaciones vigentes, junto con normas UNE aplicables y manuales de fabricante. El plan de mantenimiento se adapta a la potencia, uso (doméstico o industrial), tipo de combustible y antigüedad del equipo. Todas las mediciones y actuaciones quedan registradas y se emite el certificado correspondiente.
Mantén la presión del circuito en el rango recomendado en frío, purga radiadores si hay zonas frías, evita cubrir rejillas o bloquear la ventilación del local, y programa temperaturas razonables (cada grado puede aumentar el consumo en torno a un 6-7%). En condensación, revisa visualmente el desagüe de condensados para detectar posibles obstrucciones.
En viviendas con uso intensivo de ACS o climas fríos, se recomienda una revisión anual completa. En equipos de más de 10 años, conviene intensificar controles de seguridad y valorar mejoras (termostatos modulantes, equilibrado hidráulico, aislamiento). En instalaciones con paradas prolongadas, un arranque supervisado evita bloqueos de bomba y golpes de ariete.






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